
EFE, Nueva Delhi
Rojo, amarillo, azul, verde... la India estaba ayer más que nunca llena de color, con sus gentes y sus calles cubiertas de agua y tintes para celebrar la tradicional fiesta de Holi, que marca el inicio de la recogida de las cosechas.
La llegada de la primavera no puede celebrarse de forma más alegre: una vez al año millones de indios salen a las calles armados con pistolas de agua, cubos y, sobre todo, con polvos de tintes de todos los colores para dar la bienvenida a una nueva estación.
Holi es una de las fiestas más relevantes del calendario indio, además de la que se celebra con más entusiasmo, y uno de los pocos días al año en los que todo cierra y en todas las ciudades del país se vive un ambiente festivo que supera las diferencias de casta y religión.
Ayer por la mañana muchos despertaron al sonido de los tambores, ya que grupos de gente recorrían las calles llamando al baile a todo el que se atreviera a salir de sus casas y participar en un divertida guerra de color.
A pesar de que esta es una fiesta hindú, personas de casi todas las religiones, con la excepción de la comunidad musulmana, celebran esta jornada en la que es arriesgado aventurarse a salir de casa sin el atuendo apropiado.
Es tradicional vestir de blanco en esta ocasión, un color que dura muy poco inmaculado y rápidamente se tiñe de todos los colores del arco iris, llamados "abeer" o "gulal", que representan en estas fechas la llegada de la primavera y el florecer de los campos.
En luna llena
Holi se celebra cada año en un día diferente, con la llegada de la luna llena del mes de marzo y las ceremonias se inician el día antes, con un oración en grupo en la que cada familia lanza una espiga al fuego como ofrenda a las divinidades que protegen los primeros frutos del campo.
En la víspera de Holi en muchas calles se encienden grandes hogueras que hombres disfrazados de dioses van encendiendo y los vecinos se reúnen para ver a las mujeres cantar y bailar alrededor del fuego.
El hombre de más edad de la familia da inicio a la celebración echando un poco de agua coloreada sobre sus familiares, lo que da pie a los más jóvenes para hacer lo mismo, una ceremonia que simboliza el intercambio de afecto y bendiciones.
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